La otra mecanógrafa de Suzanne Rindell

Sep 242013

En 1922, la jomada laboral en la comisaría del distrito del Lower East Side, en Nueva York, transcurre al ritmo impuesto por una nueva ley que prohibe la producción, venta y transporte de bebidas alcohólicas. El trabajo se va acumulando, pero Rose Baker no se queja. Es mecanógrafa de profesión y su tarea consiste en escuchar y reproducir fielmente las palabras de los delincuentes que cada día desfilan por el edificio. Robos, sobornos y delitos de sangre son su pan de cada día, parece una mujer difícil de impresionar. Pero todo cambia la mañana en que Odalie entra a formar parte del equipo.

Mientras Rose lleva el pelo castaño recogido en un discreto moño, la recién llegada se atreve a fumar y frecuentar los mejores restaurantes, sin preocuparse demasiado por la cuenta. Su mirada fascina a hombres y mujeres, y Rose cae en sus redes, viviendo con ella los placeres ocultos que reserva la ciudad de Nueva York a quien sabe disfrutar de lo bueno. ¿Qué es mentira y qué verdad en la vida de Odalie? Habrá que leer hasta la última página para entender un juego perverso, deudor de la novela negra y del mejor cine, que el talento de Suzanne Rindell convierte en gran literatura.

Calle de los ladrones habla del choque sociocultural entre el islamismo fundamentalista y los valores de Occidente en los inicios del siglo XXI. Una historia sobre la violencia a la vez que una historia de amor protagonizada por un joven marroquí que trata de huir de un destino fatal.
Lajdar es un joven marroquí de Tánger, un chico sin historia, un musulmán moderado, deseoso de alcanzar la libertad en una sociedad represiva. En el instituto aprende algo de español y el suficiente francés como para apasionarse por la novela negra. Mientras espera a ser mayor de edad, se deleita a escondidas observando los pechos de su prima Meryem.

Con ella acaba «pecando» una vez, tan solo una, pero más que suficiente para que su padre lo eche de casa. Abandonado a su suerte en las inclementes calles de Tánger, Lajdar utilizará la lectura de forma inesperada para salir adelante, plantará cara a sus pesadillas y se entregará al amor y a su proyecto de exilio. En Calle de los ladrones, Mathias Énard se adentra en un territorio hipersen-sible tras el impacto de las primaveras árabes. Mientras el Mediterráneo se incendia, Europa se tambalea. Se requiere toda la juventud, toda la inocencia y toda la energía de este joven tangerino para cruzar el campo de batalla sin volver la vista atrás.

El perdurable poder de la novela de León Tolstoi, Anna Karenina, quedó resumido por el director de la película, Joe Wright, de la siguiente manera: “Todos intentan de alguna manera aprender a amar.” Mientras que Keira Knightley, elegida para interpretar a Anna, comentó: “La historia es una historia que entendemos hoy en día porque las personas siguen deseando algo que no pueden tener, siguen enfrentando bloqueos y reglas sociales, y siguen teniendo problemas para transmitir sus emociones”.
Wright también explicó que cuando leyó el libro pensó en él mismo: “Esperas ser como uno de los personajes, y te das cuenta de que has sido como otro de los personajes.

Son todos perfectamente verdaderos, y están espantosamente cerca”. Y decidió convocar al guionista y dramaturgo Tom Stoppard para adaptar el clásico libro a la pantalla.
Stoppard admitió que lo motivó a ser parte de la película: “Realmente me interesaba hacerlo. Es cierto que me considero principalmente alguien que escribe para teatro. Pero no tengo la posibilidad de toparme con un largometraje con tanta frecuencia. Si bien disfruto de hacer cine de diferente tipo entretanto, no todas las propuestas son tan prometedoras como tener a Joe Wright dirigiendo una película de una de las grandes novelas”.
Por otro lado, Wright destacó que su visión de los personajes era igual a la de Stoppard: “Tolstoi escribió la novela para que resulte accesible en términos de sus emociones. Su análisis de motivación y carácter es tan extraordinario, tan preciso. En nuestras conversaciones, Tom y yo notamos que ambos veíamos los personajes de la misma manera”.

Ambientada a finales del siglo XIX, Anna Karenina (Keira Knightley), una aristócrata rusa, vive una estremecedora historia de amor cuando se cuestiona su felicidad y decide olvidar los cánones de la época para vivir un romance con el conde Vronksy. Poniendo así en riesgo la relación con su esposo y su reputación. Nueva versión del clásico de León Tolstoi.

Después de años de matrimonio, Pete vive con tres mujeres, su esposa Debbie y sus dos hijas, Charlotte (Iris Apatow), de 8 años, y Sadie (Maude Apatow), de 13. Pete lucha para mantener su discográfica a flote, pero él y Debbie también deben aprender a perdonar, olvidar y disfrutar del resto de su vida… antes de que acaben matándose.

Percy Jackson se embarca en una nueva aventura que lo traslada junto a sus amigos por el temible Mar de los Monstruos, una cruzada para conseguir el Vellocino de Oro.
La franquicia de novelas creada por Rick Ríordan tuvo su debut en la pantalla grande con Percy Jackson y el ladrón del rayo (2010). La primicia es bastante original: los dioses griegos trasladan su mundo al siglo XXI y ubican al Olimpo encima del Empire State y al Inframundo debajo de Hollywood. En esta secuela, Percy Jackson se embarca en una aventura para proteger a los de su casta. Luego de conocer la verdad sobre su origen y la existencia de un mundo de dioses en pleno Manhattan, Percy Jackson espera que su vida sea todo menos ordinaria. Así, en el campamento para semidioses, un ataque de unos gigantes lo hace ver lo vulnerables que se encuentran. De esta manera inicia una cruzada por el temible Mar de los Monstruos en busca de lo único que puede salvar el campamento: el Vellocino de Oro, necesario para curar el árbol de Thalía.

Con el título uno puede comprender de qué va la cosa. No se trata de un documental que da muestras de la conformación de una banda que es la que causa el furor del momento. No, se trata de otra de las formas en las cuales un producto de la industria cultural se mete en nuestras vidas. Banda musical, concierto de rock, disco o película… todo da lo mismo. La industria cultural se mete hasta por los poros y el cine no es ajeno a ello. Pero, al igual que la película de Justin Bieber, estos documentales que documentan lo que ya conocemos, nos permiten acercarnos más de cerca a un fenómeno que para gente adulta puede resultar bastante bizarro. El fenómeno por el cual niñas de no más de 10 años se enamoren hasta la histeria de muchachines de no más de 16, donde revuela todo el fanatismo hacia el ídolo pero donde no se percibe ni un ápice de sexualidad, es realmente difícil de describir. Habrá que ver qué hace Morgan Spurlock, el mismo que se metió McDonalds en las venas durante un mes de corrido en Super Size Me.

Diversión asegurada de la mano de cuatro grandes comediantes que vuelven a reunirse en esta secuela sobre un grupo de amigos que se junta para disfrutar un fin de semana en su ciudad natal. Tres años atrás, un grupo de amigos de secundaria se juntó en ocasión de la muerte de su viejo entrenador de basquetbol. Disfrutaron un fin de semana junto a sus familias y revivieron los viejos buenos momentos. Ahora, Lenny Feder (Sandler) decide que quiere criar a sus hijos en su antigua ciudad natal. Así, se trasladan allí donde vuelve a encontrarse con sus amigos de toda la vida: Eric (Kevis James), Kurt (Chris Rock) y Marcus (David Spade).
Sin embargo, al poco tiempo de instalados, Lenny descubre que las cosas han cambiado mucho y no necesariamente para bien: los policías sufren de alcoholismo, los adolescentes están descontrolados y los chicos abusivos que los molestaban en el liceo, no han modificado su conducta. Un entorno lleno de locura para poner a prueba la amistad, una vez más.

Tarsem Singh, hoy conocido por La celda y Espejito, espejito, se despachó en el año 2006 con The Fall: El sueño de Alexandría, una película brillante a nivel visual, digna de una imaginación envidiable y resultado de un arduo trabajo. El director comenzó a cranearla cuando tenía 23 años y la materializó 17 años después. Mientras desarrollaba la idea, notó que era similar a otra que había visto en una película búlgara titulada Yo ho ho (1981), por loque decidió comprar los derechos cinematográficos, no para hacer una remake sino para poder utilizar la idea central como guía.

Al no conseguir financiación, Tarsem decidió aprovechar cada viaje que le salía debido a su profesión -publicista y director de videoclips- para filmar sitios con potencial para ser escenario de su proyecto. En algunos casos hasta llevó a los actores con él y llegó a elegir publicidades solo por el lugar de rodaje. Así, después de varios años viajando, logró recopilar material de más de 20 lugares. La película también presenta la particularidad de casi no tener efectos generados por computador. Una maravilla visual que alterna realidad con fantasía de la mano de un doble de acción que termina en el hospital y le cuenta historias a una niña a cambio de morfina.

La película de Terrence Malick es tan densa como inusual, sensible e imponente a nivel visual. Lamentablemente, es para ver casi en forma excluyente en una sala de cine, sino la pérdida es grande y la dificultad para terminarla también. Al ser lenta, entreverada y con pocos diálogos, por televisión será difícil superar los primeros 30 minutos de esta cinta -con Brad Pitt, Jessica Chastain y Sean Penn- que dura unas dos horas y poco. Aunque si el objetivo es ver algo diferente y una fotografía increíble, valdrá la pena hacer el intento.

Como valió la pena la espera del cineasta para llevar su guión a la pantalla grande. El camino comenzó a fines de la década de 1970, cuando Malick estudió la época prehistórica para centrarse en el origen de la vida en la Tierra en un proyecto que se llamaría Q. Después de pasar varios años en el f reezer, el director decidió que era el momento de retomarlo cuando la tecnología avanzó lo suficiente como para poder llevar a la pantalla las imágenes que estaban en su cabeza. El resultado no fue Q, sino El árbol de la vida. Además de cambiar de nombre, la película sumó otro elemento en la historia, el paralelismo con la vida de una persona, haciendo foco en el impacto de la infancia y crianza.

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