Además de las relaciones peligrosas, las traiciones, el chisme y el misterio de la identidad de quien conoce oscuros pasados y presentes de los personajes, Gossip Girl y Pretty Little Liars comparten una característica que parece ser el verdadero secreto del éxito: las adolescentes sexuadas. Estas mujercitas que no tienen pudor en mostrar y utilizar sus encantos femeninos a la hora de conquistar, conspirar o lograr objetivos son Lolitas que harían ruborizar a Nabokov. En esta línea, se unen al grupo las protagonistas de la remake de Beverly Hills, 90210, que esta vez sí son adolescentes. (En la primera versión era un elenco pasado de horno que hacía de teens, como más recientemente ocurrió con The O.C.) Con glamour o sin él, con mayor o menor dosis de “realismo”, las muchachitas exhiben sus dotes y se entregan con pasión o sin ella al sexo en todas sus versiones: heterosexual, homosexual, grupal, infiel, con hombres mayores. A pesar de que lo mismo hacen sus colegas masculinos y a pesar de que soy mujer, resulta que lo de ellas es más impresionante de ver. Tal vez por eso la “voz cantante” (en varias en off también, como narrador omnisciente) de estas series la llevan las mujercitas. La televisión estadounidense vuelve a ponerle su sello a un formato, uno que se le escapaba. De las soap operas que duraban 15 años, de Dallas y Dinastía, llegan hoy a decirnos a los latinoamericanos que la telenovela es de ellos también. Los que escuchan detrás de las puertas, las miradas a la lontananza, los amores que se pierden y se recuperan ad infinitum y ad nauseam, ahora tienen una versión de detergente “inteligente”, la soap opera 2.0, elaborada por los “dueños” de la televisión, le pese a quien le pese. Existe un denominador común que linkea y lleva la línea argumental de este tipo de productos masterizado en las últimas dos décadas. Es un hombre y se llama Darren Starr. Él, productor y escritor televisivo, creó las primeras versiones de Beverly Hills y Melrose Place, las abandonó a tiempo y se despachó con Sex and The City. Después, es sólo un juego de unir puntos y formar la figura: de Sex and The City a Amas de casa desesperadas, del primero a Gossip Girl, de éste y el segundo a Pretty Little Liars. Con muchos símiles que fracasaron en el intento y quedaron por el camino, además. Uno de los placeres culposos de la pantalla chica (podríamos dejar de llamarla así, dados los nuevos formatos) existe por obra de Darren Star. Gracias Darren Star por elaborar y dar la receta para el cheesecake de la torta televisiva. Lo digo sin culpa.



















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