Roman Polanski reúne un reparto de primera en esta adaptación bastante fiel de la exitosa obra de teatro homónima. La historia es sencilla: dos parejas se reúnen un día para conversar, intercambiar opiniones y llegar aun acuerdo sobre sus hijos, que se enredaron en un altercado en el parque. Los cuatro adultos se conocen por primera vez y en la reunión dialogan sobre sus hijos, la educación, la política y otros temas, encontrando puntos en común y otros de alejamiento. Es una comedia dramática protagonizada por Kate Winslet, Christoph Waltz (Nancy y Alian Cowan) y John C. Reilly y Jodie Foster (Michael y Penelope Longstreet).
Ethan y Joel preparan su llegada a la pantalla chica. Será con HarveKarbo y tendrá mucho del toque Coen: personajes excéntricos, algunos excesos, misterio y mucho humor negro. Ellos serán cocreadores y productores ejecutivos de esta nueva serie de la cadena Fox, y se encargarán de darle los lineamientos básicos del guión a Phil Johnston. ¿De qué viene HarveKarbo? Los hermanos Coen se meten a explorar el lado pervertido, oscuro y vicioso de Hollywood. Habrá un detective privado que seguirá las huellas de todos los hechos estrafalarios de Los Angeles y, aunque restan definirse los protagónicos y otros detalles, la idea les calza perfecto. Y promete, mucho. Parece que con el mundo del cine reconociéndolos una y otra vez, con éxitos de la talla de El gran Lebowski, Fargo, Sin lugar para los débiles y premios varios, ahora quieren dominar la televisión.
Quizá el cambio más radical en estos dos directores se vislumbre sin mayores problemas en la figura de Alex de la Iglesia. Si uno se acerca a sus primeras películas, como El día de la bestia, Muertos de risa o La comunidad, puede notar diferencias con respecto a sus últimas películas: antes podíamos hablar sin mayores inconvenientes de producciones más austeras, personajes marginales de España y el absurdo llevado al paroxismo como recurso de cabecera. Los últimos intentos han hablado de otra forma. La incomprensible Los crímenes de Oxford y su nueva Balada triste de trompeta se han alejado de ese primer tipo de cine, lo que no significaría algo malo de por sí, si el rumbo hubiese sido otro.
El camino que los dos realizadores recorrieron hace un tiempo en la industria cinematográfica, bien puede considerarse la síntesis perfecta de los dos mundos que conviven en las pantallas españolas. Si, por un lado, el cine de Almodovar siempre representó la clásica etiqueta de exportación, el de De la Iglesia conseguía unos pocos pero muy fieles adeptos de culto. Y esta fue la historia… hasta que todo cambió.






















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