Director Tom Hooper

mar 062011

¿Y qué podríamos decir del director Tom Hooper? La verdad es que no mucho, pero que sin lugar a dudas su papel se vuelve también bastante peculiar, lo que lo hace ser un ingrediente más en esta receta hacia los Osear (ver recuadro La clave del éxito). El hombre no tiene una filmografía grande, esta es su segunda gran película, pero ciertos detalles en la composición de la película hablan de una sensibilidad que no se ata a los cánones de lo común en el cine. Los contrapuntos de planos en los diálogos entre el Firth y Rush, nunca perfectamente centrados, y ciertas decisiones estéticas en la ubicación de las cámaras (que príorizan al actor) hablan, si no de un gran director, de alguien sí con cierta iniciativa y singularidad (rareza para la Academia). SI una película con 12 nominaciones no resulta ser la gran ganadora de la noche, va a ser una gala para el recuerdo. Ma pasado en otras ocasiones, pero la estadística general suele señalar que en casos como éstos, tos discursos de agradecimiento ya se tienen ensayados de antemano.

De la retórica, jaq.
La política y la retórica han tenido, desde la Antigua Grecia y a lo largo de toda la historia de occidente, un lazo que ha oscilado entre la tensión y la estrechez, porque ambas conforman artes que -en mayor o menor medida inextrincablemen-te refieren a la persuasión. No en vano en un pasaje de la película aparece un discurso de Hitler que por ser en alemán, carece de sentido para la familia real que en ese momento ¡o presenciaba gracias a un proyector, pero que sin embargo contiene una fuerza persuasiva desde lo perlocutivo que ya había merecido por esos años la reflexión cómica del propio Chaplin. Y no es menor que el rey Jorge VI, con problemas de tartamudez, anhele poder ser como Hitler: firme, seguro, implacable, sin importar que barbaridades eslé diciendo. En tiempos donde el vacio de sentido en los discursos políticos ya no sorprende a nadie (basta ver la delegación parlamentaria de Uruguay en su visita a Irán vestioos como payasos ante un gobierno que encerró al cineasta Jafar Panahi por el simple hecho de hacer películas}, esta oda 3 la superación personal desde el culto a lo meramente istrónico es, por lo menos, algo que merece la reflexión. La política so ha tranformado en eso lo sabemos todos (con resignación). No quiero cerrar sin decir que me gustaba mucho mas un rey tartamudo.

Con una historia sencilla y bien contada, la única película que parece poder pelear en la recta final con Red social, en la entrega de premios más esperada del cine, es El discurso del Rey. En este pequeño informe te contamos de qué va la película, algunas claves para su éxito y si vale la pena o no ir a verla. Todo sin tartamudear.
Ambientada en los albores de la Segunda Guerra Mundial, la película que dirige el inglés Tom Hooper se centra en ef advenimiento del rey Jorge VI a la corona de Inglaterra. Todo et periplo que vive este ser humano desde la muerte de su padre, la asunción y posterior abdicación al trono de su hermano Eduardo !ll, y su final destino de ser rey, cargando con ei peso de una seria disfunción en el habla: ser tartamudo.
Esta película, que basa sus hechos en la realidad, cuenta con interesantes aportes que son las que la convierten en ta gran candidata que hoy es. Por un lado, un gran elenco: esta película confirma lo que Un hombre soltero (Tom Ford, 2009) ya había dejado más que en claro, que otorgarle papeles secundarios en comedias romanticonas a Colin Firth es un verdadero desperdicio. La actuación de este actor es, sin lugar a dudas, la que más se perfila hacia la estatuilla dorada porque sería la primera vez que lo ganase, porque estamos hablando de una muy imponente actuación (el tartamudo de Firth saca realmente de quicio), y porque saldaría en parte algo de la injusticia que sufrió con Un hombre soltero. También es sublime la actuación de reparto de Geoffrey Rush (interpretando al doctor que ayuda al rey con su habla), quien a base de gestuatidad y sobre un guión “típicamente” inglés, logra hacer reír sin la necesidad de grandes istrionismos.

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