Ver la pelicula machete

ene 212011

Machete, el origen.
Como otras grandes buenas ideas, Machete nació como una broma. La semilla fue plantada durante el rodaje de Desperado. Si bien se ha reiterado que el origen de Machete se encuentra en el legendario tráiler “falso” concebido por Rodríguez como parte del tributo que él y Quentin Tarantino hicieron a las películas de clasificación B, Grindhouse, el personaje apareció por primera vez en la mente del director a principios de los ’90. “No había ninguna película de acción con sabor latino que pudiera atraer a un gran público”, explica Rodríguez, “Cuando vi las películas de John Woo, deseaba ser asiático. Woo y Chow Yun-Fat con sus películas Hard Boiled y The Killer, realmente me inspiraron para hacer películas que pudieran crear esa sensación en el ámbito latino”. Esta idea se empezó a cristalizar cuando Danny Trejo se presentó en el set de Desperado, que se filmaba en un pequeño poblado mexicano. “Nadie sabía realmente nada sobre Desperado; sin embargo, los pobladores locales se congregaban para ver a Danny, creyendo que era la estrella de la película, aunque su parte era muy pequeña”, recuerda Rodríguez. “Danny tiene una presencia increíble, así que supe que había encontrado a Machete. Entonces le entregué un cuchillo y le dije que empezara a practicar”.

Por dos películas más.
En su paso entre géneros, Rodríguez hace homenajes y referencias, recicla actores y temas. Con Aulas peligrosas retomó a los extraterrestres invasores de cuerpos y se mandó una película de terror y ciencia ficción en el marco de una highschool movie, exprimiendo todos los estereotipos que pueblan estos títulos. Con Spy Kids (saga de tres películas a las que el año que viene se suma una cuarta) se metió con la comedia familiar mezclada con el cine de acción y espionaje, y de paso le tiró un hueso a Silvestre Stallone, que no estaba pasando por un buen momento. También incursionó en el género infantil (Las aventuras de Shark Boy y Lava Girl) y produjo obras de otros, como Depredadores o las dos secuelas de Del crepúsculo al amanecer. La segunda parte de El Mariachi, La balada del pistolero, estrenada en 1995, es más o menos la misma película pero con más plata. Es el combo más grande, más vistoso, y con Antonio Banderas y Salma Hayek en los protagónicos. Y Tarantino tiene una breve participación como actor en una escena que probablemente él mismo escribió. No fue un taquillazo, pero redundó en un éxito comercial considerable. Fue el filme por el que Hakey y Banderas se apuntaron como miembros estables del firmamento hollywoodense. Rodríguez completó la trilogía de los músicos con Érase una vez en México, otra vez con Banderas y Hayek. Hecha para cumplir con el contrato con Columbia, esta historia sobrepasa todos los límites impuestos en la anterior (que ya era un delirio: había un mariachi disparando con una bazuca escondida en un estuche de guitarra, por ejemplo), y mete a Johnny Depp y Willem Dafoe junto con Mickey Rourke y… Enrique Iglesias (el costado terraja de Rodríguez nunca muere) en una misma bolsa. Nuevamente, la ecuación Rodríguez dio sus frutos: costo mínimo, ganancias máximas.
Todo comenzó con un pobre mariachi. Y desde entonces, ningún estudio quiere perderse al próximo Rodríguez.
Cuando el director le mostró la escena de Sin City que había rodado expresamente para él, Miller alucinó. “¡Es genial!”, dijo. Rodríguez simplemente se limitó a responder: “Frank, lo he sacado todo de tus cómics”.

La gran demostración de lo que podía hacer la maquinaria creativa de Rodríguez trabajando en sus propios estudios de Troublemaker Films llegó con Sin City, en 2005. Es curioso sin embargo que la obra que sobresale de su nutrida filmografía sea una película que no es enteramente una película, una historia que se basa en la obra de otra persona (el guionista y dibujante de cómics Frank Miller, con quien comparte los créditos de dirección). Sin City, su obra magna, más que una película que adapta un cómic es un cómic que se hace película. Todos los excesos típicos del director fueron a parar a otra parte, ya que lo que quiso, desde el principio, fue hacer una película que se viera igual a la historieta de Millar, que ya es un clásico. Ahora, Rodríguez se convertía en el vehículo para plasmar la visión de otro artista. Y, de paso, se dio el lujo de incluir a un director invitado: el amigo Quentin Tarantino.
Filmada completamente en los estudios de roublemaker, en formato digital de última tecnología, Sin City pone en imágenes en movimiento tres historias de esta oscura ciudad construida en blanco y negro. El elenco, impresionante: Bruce Willis, Benicio Del Toro, Carla Gugino, Jessica Alba, Clive Owen, Mickey Rourke, Michael Clarke Duncan, Josh Hartnett, Rutger Hauer, Rosario Dawson, Elijah Word, entre varios más. Para convencer a Miller de hacer la película, Rodríguez rodó una escena por su cuenta (la que aparece al inicio del filme) para mostrarle a Miller la fidelidad a su obra. Cuando el director le mostró la escena en su laptop, Millar alucinó. “¡Es genial!”, dijo. Rodríguez simplemente se limitó a responder: “Frank, lo he sacado todo de tus cómics”.

“Cuando vi las películas de John Woo, deseaba ser asiático. Woo y Chow Yun-Fat, con Hard Boiled y The Killer, me inspiraron para hacer películas que pudieran crear esa sensación en el ámbito latino” Robert Rodríguez.
La tecnología que se maneja en Troublemaker Films no sólo ha permitido prodigios como Sin City. También logró poner en escena el primer desnudo de Jessica Alba… aunque en realidad ella esté vestida. “Creo que siempre me sentí muy incómoda con la forma en que mi cuerpo se desarrolló y mi abuela se enojaría y me tiraría una toalla encima si me viera usando sólo un corpino y una bombacha”, contó la actriz en una entrevista. Esa fue la razón por la que cuando filmaron una escena en la que su personaje aparece completamente desnudo en Machete, en realidad la actriz llevaba puesta ropa interior, que fue removida posteriormente de manera digital.

Quentin Tarantino es un fan declarado de El Mariachi. Rodríguez lo conoció mientras él presentaba El Mariachi y  hacía lo propio con Perros de la calle en un festival. Juntos hicieron Four Rooms (un experimento fallido: cuatro cortos dirigidos por cuatro directores, entre ellos, Rodríguez y Tarantino) y un disparate devenido a filme de culto: Del crepúsculo al amanecer. Escrito por Tarantino, que también actúa en el filme, y dirigido por Rodríguez, Del crepúsculo al amanecer condensa los intereses y las habilidades de un director de desbordada imaginación y nula sutileza que le gusta mezclar géneros y empujar los límites. Esta película comienza como una road movie ultraviolenta y cool, con escenas rodadas a la luz del día, y se convierte brutalmente en una claustrofóbica historia de terror que transcurre durante una noche en un bar atestado de vampiros mexicanos. Tanto Rodríguez como Tarantino se divierten con el viejo truco de poner a un actor a hacer un papel inesperado: aquí Harvey Keitel es un pastor en plena crisis de fe, Juliette Lewis es una adolescente virginal, mientras el actor que por entonces era conocido por interpretar a un médico en E.R., George Clooney, es un criminal. Como Hayek y Banderas, Clooney le debe a Rodríguez su reconocimiento en Hollywood.

Los días como cobayo, más algunos ahorros y billetes prestados, conformaron el presupuesto de El Mariachi: 7.000 dólares. Juntó a sus amigos, llamó al desempleado Marquardt, le ofreció el papel de villano, modificó el guión en función de las locaciones y los recursos disponibles, y se largó a filmar. Para no desperdiciar celuloide, cada toma fue ensayada concienzudamente antes de ser filmada. Debido a su acortado presupuesto, no tenía para pagar a un camarógrafo ni a un director de fotografía ni a un sonidista ni a alguien que se encargara de los efectos especiales, así que lo hizo todo él. Y de paso, también trabajó en la música y el montaje. Filmar es solucionar problemas. Y con El Mariachi, Rodríguez no paró de encontrar soluciones y oportunidades allí donde cualquiera podría ver un obstáculo. A falta de una grúa usó una escalera de madera, y como Marquardt no hablaba una sola palabra de español, el actor usaría lentes negros para poder leer los diálogos que no lograba memorizar. El Mariachi fue comprada por Columbia Pictures y se presentó en el Festival de Cine de Sundance, por entonces la meca del cine independiente, y se llevó el premio del público. De ahí en más, a las salas comerciales. Y mientras tanto, un paseo por otros festivales internacionales, donde fue recibida con elogios. Tras su estreno, Rodríguez firmó un contrato por dos películas más. Desde entonces, todas sus películas recaudan, en un par de semanas, el doble de lo que costaron. Hoy, el esquema de financiación de El Mariache es reproducido a otra escala por medio de Troublemaker Films, la casa productora que Rodríguez fundó en 2000, que incluye una instalación para efectos visuales de última generación, además de un equipo para música y edición. A través de Troublemaker, Rodríguez se encarga de los riesgos financieros y, una vez terminado el largo, negocia con las productoras su distribución.

Conejillo de Indias.
La década de 1990 estaba preñada de buenos augurios cinematográficos. En el amanecer de la década James Cameron demostraba con Terminator 2 que las segundas partes podían ser mejores que las primeras y un debutante Quentin Tarantino sorprendía con Perros de la calle, un filme independiente que marcaría el inicio del reinado de este director criado en un videoclub y de la moda de hacer películas tarantinescas. Mientras esto ocurría, en Texas, Rodríguez se internaba en una clínica para someterse a pruebas médicas por las cuales recibía una paga considerable. Mientras no era usado como conejillo de Indias por los laboratorios, escribía y pulía el guión de lo que sería su ópera prima, El Mariachi. Allí conoció a algún que otro peculiar personaje, entre ellos, Peter Marquardt, un desempleado que aspiraba a ser actor.
El Mariachi es, hasta ahora, la producción de mas bajo presupuesto que haya distribuido un gran estudio y la primera cinta estadounidense estrenada totalmente en español

Erase una vez en Texas.
En el comienzo sólo había un pobre mariachi. Un pobre mariachi al que confunden con un asesino. Rodríguez tenía 23 años, unos 7.000 dólares, una idea en la cabeza y muchas ganas de filmarla. Lo suyo era el cine, lo sabía desde niño, desde el momento que su padre le regaló una cámara Súper 8. Desde entonces hizo películas caseras. Siendo un universitario, su primer corto oficial, Bedhead, es una historia de rivalidad entre hermanos y está protagonizado enteramente por familiares (hermanos y primos). Filmado en 16 mm, en blanco y negro, Bedhead ya contiene excesos y caricaturas, rápidos movimientos de cámara, escenas en ralenti, zooms a mansalva, un montaje ágil y una buena dosis de música y efectos sonoros que refuerzan la narración. En Bedhead hay sangre, cucarachas y poderes psíquicos. Y, claro, no falta el humor, a veces negro, a veces asqueroso, que se filtrará en sus siguientes producciones.
En Bedhead, además del guión y la dirección, Rodríguez se encargó de la fotografía, los efectos de sonido, el montaje y la banda sonora (en colaboración con Todd Fast). La animación de los créditos de apertura también la hizo él, junto con Elizabeth Avellán, por entonces su flamante esposa y posteriormente productora de casi todas sus películas (hasta su divorcio en 2007). Bedhead circuló por festivales de todo tipo y tamaño, y casi siempre fue bien recibido, lo que le dio el impulso necesario para dar el siguiente paso en su formación como cineasta: hacer un largo.

Machete, la última dé Robert Rodríguez, hace honor a los gustos y destrezas de este director estadounidense de ancestros mexicanos que se hizo famoso por hacer películas de forma rápida y con muy pocos recursos. Historia del cineasta rebelde que filma títulos que en otra época irían a parar directamente al videoclub.
Ano engañarnos. Si bien maneja presupuestos considerablemente más bajos que sus colegas, Robert Rodríguez filma películas “como si fueran” producciones berretas hechas con dos mangos y con actores ignotos. En realidad, tanto para hacer Machete, su última película, como para Planet Terror o Aulas peligrosas. Rodríguez cuenta con presupuestos generosos, actores de prestigio y/o estrellas hollywoodenses (desde Robert De Niro a Jessica Alba), y, en algunas ocasiones, eleva el nivel de su cine y sale un rato de la mera berretada autoconsciente y chistosa, como sucedió con Sin City. Eso sí, la experiencia de haber hecho largóme-trajes con muy poca plata lo lleva a producir, editar y componer la música de las películas que escribe y dirige en su propio estudio de Austin, Texas, donde nació hace 42 años.

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