Drexler le pone música a otra película y prepara su debut como actor.
Se acaba de estrenar el videoclip de Que el soneto nos tome por sorpresa, la canción especialmente compuesta por Jorge Drexler para la banda sonora de la película española Lope. La grabación ha sido dirigida por el propio Andrucha Waddington, director de la película, quien ya ha realizado videoclips para otros grandes artistas de Brasil como Caetano Veloso, Gilberto Gil y Paralamas do Sucesso. La película es protagonizada por la pareja española de Drexler, Leonor Watling. La cinta cuenta la historia de Lope de Vega, uno de los poetas y dramaturgos más importantes del siglo de oro español. También, durante este mes el cantautor presentará su nuevo disco, Amarla trama, y el documental sobre su gira Un instante preciso. Y atención: el próximo año debutará como actor, al protagonizar una película del argentino Daniel Burman, All In, junto a Soledad Villamil.
Piensen en la inmortal canción The power of love de Volver al futuro, ¿quién la compuso? (¿Importa acaso?). Esta condición hace que muchas veces nos enojemos cuando un manojo de bandidos utiliza una canción de culto para darle vida a una nueva película. Es como si quisieran tocar las melodías de Gladiador en una escena de Narnia. O Iris, de la película City of Angels, en una escena de amor entre Lindsay Lohan y Zack Effron. Hay cosas que simplemente no pueden mezclarse.
Porque la música tiene el poder de inmortalizar al cine. Es más, muchas veces lo trasciende. Bien lo describió Juan Ferreira en su informe sobre Tarantino, ¿quién no tenía una copia de la banda sonora de Pulp fiction sin haber visto la película? No en vano han salido innumerables colecciones de CD con las mejores bandas sonoras de todos los tiempos, que el público consume por kilo. La música, incluso, deja de ser obra de un grupo o artista y pasa a pertenecer a un filme.
¿En qué piensan cuando oyen silbar Singing in the rain? ¿En Cantando bajo la lluvia o La naranja mecánica? El público se fanatiza de tal manera con las películas a las que le rinde culto que cuando se publican sus canciones las descargan o compran al instante. ¿Para qué? Para estar un poco más cerca de esa fantasía con la que tanto se identifican. Para sentir esa ficción que tanto los completa. Una vez que la cinta salga de la cartelera y su tráiler no se vea más en el cable, igual les quedará la música.
¿A quién no se le vienen escalofríos cuando siente las gaitas de Corazón Valiente o la introducción todopoderosa de Rocky IV?
¿Quién no se ha ofuscado al escuchar un tono y no poder recordar de qué película era, al punto de gritar y maldecir, mientras se dirige rápidamente a la computadora: “¿De qué película es esta canción que no puedo acordarme?”.
Al escuchar en la radio una canción que me “pegaron” Javi y Pety hace más de 10 años, me hace recordarlos. No hay que ser genio para saber que ese es, justamente, el inmenso poder de la música. La capacidad de traernos de la nada cualquier tipo de recuerdo tan solo con una melodía, y que sea imposible esquivar el tiro. Como un amigo publica en el msn diariamente, (aunque probablemente no sean sus palabras): “Lo bueno de la música es que cuando te pega, no duele”. La música nos hace recordar amigos, enemigos, amores, lugares, sueños, pesadillas, sin que nuestra conciencia pueda evitarlo. Y por supuesto, también películas.
No importa dónde nos encontremos ni qué estemos haciendo, si escuchamos una melodía representativa de una película, ese filme nos vendrá a la cabeza de inmediato. ¿Cuántas conversaciones sobre cine han surgido, de la nada, por escuchar una canción? ¿Quién no piensa en Titanic cuando escucha el tema de Celine Dion?
























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