Pirateria en peliculas

mar 192011

No es motivo para desanimarse. La realidad indica que las buenas películas llegan en cuentagotas todo el mundo lo sabe, pero no existe satisfacción más grande que salir de una sala luego de un peliculón. Porque el cine incluso ayuda a potenciar el efecto que un autor quiere transmitir con su obra. Por algo, los líderes de la revolución rusa encontraron en el séptimo arte el medio más efectivo para transmitir su propaganda. Salas repletas y un mensaje que se desprendía por el contenido y por las técnicas de edición que buscaban unir conceptos a través de la yuxtaposición de distintas imágenes.
Piensen en el entorno que se crea en una sala. Asientos cómodos en los que el espectador se pierde, perfectamente dirigidos a la pantalla, escalonados para que no haya ninguna interferencia o ruido entre el emisor y receptor; oscuridad justa oara magnificar la luz proveniente de la pantalla. A veces pienso que en otra época el cine debe haber causado el mismo efecto que el experimento en Alex Delarge en La naranja mecánica; o que fue evidencia clave cuando desarrollaron la teoría de la aguja hipodérmica. Piensen en las veces que salieron de la sala y debieron tomarse unos segundos para “volverá la realidad”.
Por eso, no importa qué tan buena sea una película, nunca será la misma si la vemos en la pantalla grande o con un DVD falso en el living de casa. De ahí a que resulte común escuchar o expresar comentarios como “me gustó mucho más cuando la vi en el cine”, luego de volver a mirar una cinta y decepcionarnos con el resultado que arrojó un reproductor de DVD.
La piratería podrá ser el gran problema del cine, pero aquellos que la practican también se perjudican, y en un plano bastante más relevante que el económico.

El gran problema del cine es la piratería. Puede que haya crisis de guiones e historias para contar, que cada vez se estrenen más remakes y franquicias de hasta siete películas, que la tecnología de imagen y sonido esté ganando la pulseada al contenido. Pero el gran problema del cine es la piratería. Según la Motion Pictures Asociation (MPA), que representa a los principales estudios cinematográficos de Estados Unidos, el 30% de las películas que se ven en ese país son ilegales; en Argentina, el 68%. El organismo afirma que el daño económico a la industria es de miles de millones al año. Es cierto que casi nadie puede arrojar la primera piedra, pero quién no se molesta con los vivos que se jactan de su dvdteca pirata.
Pero no vale de mucho enojarse. Después de todo, es su pérdida. Sobre todo si piratean las películas de calidad. Porque es verdad, ir al cine y encontrarse con alguna comedia gastada, una de suspenso repleta de lugares conocidos o dramunes sentimentales llenos de golpes bajos, duele. Y no es por el precio de la entrada, que debe ser similar al que se paga por un DVD trucho, y si alguien argumenta que lo puede ver más de una vez, miente, porque ya entraría en la categoría de masoquista, ¿quién compra una película pirata y la ve más de una vez! Encima, el mismo estudio de la MPA sostiene que el 58% de los consumidores pirata son de niveles socioeconómicos ABC1.

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