Demi y Ashton la pareja del siglo

feb 272012

Hubo varias separaciones. La de Eva Longoria y Tony Parker, la de Jennifer López y Marc Anthony, pero la que generó la resonancia de un tsunami en la prensa del corazón fue la del matrimonio de Demi Moore y Ashton Kutcher. La pareja llamó la atención cuando iniciaron un inesperado romance a principios de la década de 2000 que desembocó en matrimonio en 2005. Después de varios años de mostrarse como una especie de superpareja, en setiembre de 2011, la revista People reveló que Kutcher se había ido de parranda junto con un compañero de elenco de That 70s Show. A esa noche, después se sumó una nueva figura, una joven llamada Sara Leal, que dijo que tuvo sexo con K tras conocerlo en un boliche.

Más tarde la prensa informó que Demi y Ashton no pasaron juntos su aniversario de bodas. De golpe y porrazo, uno de los matrimonios que exteriorizaba mayor estabilidad en el ambiente llegaba a su fin. Pero el show recién estaba comenzando. Porque Moore ya adelantó que “escribirá” un libro de memorias en el que contará cómo fue la relación con el joven galán y ventilará los secretos de su matrimonio. (Las comillas en “escribirá” se deben a que obviamente Demi Moore no va a escribir el libro sino que contratará a un ghostwriter para que lo haga por ella o sacará un libro en el que el verdadero escritor del mismo, probablemente un periodista con cierta trayectoria en esto de farándula, aparezca en los créditos como colaborador o algo así.)

El origen del cómic.
Si definiéramos el cómic como una “serie de dibujos que constituye un relato, con o sin texto que los acompañe”, entonces deberíamos reconocer el origen de este en la antigüedad. Después de todo, desde el arte rupestre en las cavernas hasta los jeroglíficos de los egipcios, esta técnica se ha utilizado para narrar leyendas, transmitir enseñanzas o realizar rituales que perseguían fines concretos. El cómic como fenómeno industrial recién llega a fines del siglo XIX y principios del XX, cuando apareció el globo de diálogo en historietas como The Katzenjammer Kids (1897), Krazy Kat (1911) o Bringing up father (1913), esta última muy elogiada por sus aportes al cine.
Sin embargo, no fue sino hasta la crisis económica de 1929 que el cómic generó un impacto profundo en la sociedad estadounidense, que coincidió con la llamada “edad de oro” del pionero en Estados Unidos: DC Comics.
Como se explica en el documental Secref Origin: The Story ofDC Comics (2010, muy recomendable), el gigante de historietas surge por la fusión de tres empresas: National Allied Publications, Detective Comics y All-American Publications. Las dos primeras se fusionaron cerca de 1939 y compraron a la tercera en 1945. El nombre “DC” se explica por el lanzamiento de una nueva línea llamada Detective Comics, que tuvo mucho éxito. Pero el verdadero boom llegó con la línea Action Comics lanzada en junio de 1938 con la primera historieta del superhéroe más emblemático del mundo: Superman. El niño que llega de Kripton para convertirse en el defensor de Metrópolis fue creado en 1932 por Jerry Siegel y Joe Schuster, quienes lograron venderlo a DC recién cinco años más tarde.
El éxito de los Action Comics fue impresionante. Al poco tiempo se lanzaron nuevos héroes: Batman (1939) y la Mujer Maravilla (1941). La creación de esta primera heroína reflejó todos los avances que la mujer había tenido en la sociedad como consecuencia de las guerras; algo parecido a Luisa Lañe, una mujer activa, temeraria, que iba detrás de las noticias sin importar el riesgo. Claro que donde juega uno, pueden jugar dos. En paralelo al lanzamiento de Batman, en 1939 un tal Martin Goodman creaba una empresa de historietas llamada Timely Comics, nombre que fue variando -acompañado de sus escasos triunfos- hasta convertirse en Marvel Comics. Su primera publicación (Marvel Comics #1) fue la Antorcha Humana (un antecedente directo de Johnny Storm, miembro de los 4 Fantásticos). A partir de ahí, Marvel comenzó una buena década en la cual su héroe más destacado fue el Capitán América.
Los años de guerra mostraban a los superhéroes luchando por la nación, en apoyo explícito a las tropas (hubo un número de Batman en el que este entregaba armas a los soldados; otro de Superman en el que volaba hasta Alemania y Rusia y tomaba a Hitler y a Stalin para terminar con el enfrentamiento).
Cuando la guerra culminó, comenzó un período de crisis, pues las personas no estaban interesadas en leer sobre asuntos bélicos y mucho menos de robos a bancos, que parecían temas triviales. El mercado de historietas ya estaba dividido entre los dos grandes: Marvel y DC Comics. El primero ganaba en realismo y complejidad de sus personajes, mientras que el segundo comenzó a ser catalogado de simplón. La corriente cambió a finales de la década de 1970 cuando muchos de los veteranos de DC se retiraron (o fueron despedidos) y el sello debió contratar a nuevos artistas. Esta nueva generación se había formado con sus cómics, pero también con los de Marvel, por lo que lograron recuperar la calidad y la complejidad esperadas por el público. Además, se contrató a psicólogos para que realizaran aportes sobre la psiquis de los personajes y pudieran anticipar el impacto que generarían en el consumidor.
Además de los dos gigantes, el tercero en discordia fue Dark Horse Comics, empresa fundada por Mike Richardson recién en 1986. Sus principales exponentes son Frank Miller y Mike Mignola, con títulos muy destacados de creación propia como 300, Sin City o Hellboy, y otros que han realizado bajo licencia como Sfar Wars, Depredador, Alien o Conan.

¿Quién no se ha imaginado a sí mismo con super-poderes? Fuerza increíble, velocidad sin límite, invisibilidad o inteligencia sobrehumana. ¿Qué haríamos con estas habilidades? ¿Les sacaríamos provecho personal o las utilizaríamos para el bien de los demás? ¿Cuántos asuntos pendientes ajustaríamos antes de pensar en el resto de las personas? Cuestiones como estas son algunas de las tantas que nos preguntamos cada vez que atravesamos una situación en la que creemos que nuestras capacidades resultan insuficientes para salir victoriosos. En la que un superpoder haría la diferencia entre la amargura y la felicidad; entre la frustración y el sentido de realización. Entonces aparecen e cómic, los superhéroes y las mil adaptaciones que esas historias y esos personajes han tenido en la pantalla grande.
Porque ahí radica el magnetismo de las historietas: personajes increíbles que lograron conectar con el público en todos sus niveles; universos alejados que presentaban situaciones muy cotidianas; héroes que con cada decisión que tomaban afirmaban el tipo de persona que aspiraban a ser.

“¿A dónde, a dónde, a dónde estará, mi héroe adorado, mi gran Supercan?”, canturreaba la perrita de la serie de dibujos animados cuando necesitaba con urgencia la presencia del salvador canino. Qué pesada, pensaba yo, no deja que Supercan haga su trabajo tranquilo. Pero en realidad la perrita estaba haciendo su trabajo: ser el motor-amor de la vida “real” del superhéroe, ponerle nombre a sus salvatajes anónimos y mejorar su velocidad y su estado de alerta general. Es que “el amor mueve montañas” y los superhéroes se toman el refrán a pecho, literalmente. Así, siempre eligen para sufrir por amor a mujercitas con tendencia a caer desde grandes alturas, a estar en el epicentro de las catástrofes naturales y de los accidentes aéreos, a meter la nariz en asuntos peligrosos, en fin, a poner en riesgo su vida con periodicidad y alevosía. ¿Qué más quiere una mujer que ser rescatada de la caída libre, que a veces es la simple existencia, por un hombre fuerte, que la tome con firmeza de la cintura y la deposite suavemente en suelo seguro? Es que “el amor es ciego, embriaga y atonta”, y las mujercitas de los superhéroes experimentan esta idea a pecho, literalmente. Así, viven el vértigo del enamoramiento y entregan su corazón al puño del poderoso hombre de sus sueños. En Superman, la película “original”, Luisa Lañe le dice al hombre de acero: “¿Sabes cómo me haces sentir? Como una niña pequeña. Vos podes ver a través de mí”.
Ellas son las que no pueden ver a través de ellos, al menos al principio de sus historias: la relación que tienen con el álter ego del superhéroe es, en el mejor de los casos, conflictiva, y en el más anodino, de amistad. Tal vez colabore el hecho de que los superhéroes eligen esconder su verdadera identidad tras hombrecitos simples, torpes, aburridos, superficiales, cortos de vista, temerosos, poco atractivos, playboys o mujeriegos. Y dije su “verdadera identidad” porque, en mi opinión, la identidad “secreta” es la que constituye la esencia verdadera de estos hombres, es la que dejan al desnudo cuando se ponen esa suerte de segunda piel que eligen para enfrentar la maldad del mundo.
La dualidad del amor, que es tanto lastre como propulsor, se estampa en cada historia romántica de cómic. Por un lado, un superhéroe enamorado se vuelve frágil, la damita que le quita el sueño es la kríptonita en su bota, y muchas veces le hace cuestionar su “trabajo” y lo tienta con la promesa de felicidad de una vida normal y rutinaria. Por otro lado, lo conecta con sus sentimientos y lo apasiona, lo hace querer transformar el mundo solo para ella y realizar las mejores hazañas, lo hace ser el súper superhombre. En la película animada Megamente esta cualidad transformadora del amor se ve claramente: el maligno y resentido Megamente se pone a hacer buenas acciones (limpia la ciudad, arma un museo) impulsado por su estado de alegre enamoramiento y su deseo de conquistar a Roxanne Ritchie, la optimista periodista de moral intachable. Enamorarse de superhéroes no parece una idea brillante. Los personajes femeninos que lo hacen tienen poco sexo, mucha espera, bastante soledad, demasiado sufrimiento… en realidad, no difiere mucho de lo que vive una mujer real en una mala relación. Además, en contrapartida, las elegidas como interés romántico de los protagonistas de cómics se dan el lujo de darse besos únicos con hombres únicos, de dejarse llevar por los aires del amor, de sentirse especiales, alentadas y protegidas,… en realidad, no difiere mucho de lo que vive una mujer real en una buena relación. Salvo por los efectos especiales.

Ryan y Sandra son sólo amigos.
El representante de Sandra Bullock ha encargado de desmentir los comentarios que afirmaban que entre la actriz y Ryan Reynolds existía algo más que una amistad. Ambos compartieron protagonismo en la comedia La propuesta y los dos se han separado recientemente de sus parejas. Sin embargo, no son más que dos buenos amigos. El desmentido viene a cuenta de los rumores que aseguraban que la actriz había disfrutado de salidas nocturnas con el actor, después de la ruptura de este con Scarlett. La publicación Star Magazine insinuaba que Reynolds se había acercado a Bullock en este mal momento. Una fuente hablaba de citas nocturnas, llamadas telefónicas, escapadas secretas.

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