Guionistas se rompen la cabeza no para ver cómo relacionar la historia de Jigsaw, sus porqués y los herederos de su “obra”, sino para pensar nuevas y morbosas trampas mortales. Siete películas y ni una técnica repetida, ¿dónde se documentarán esos profesionales?
Pero la pregunta sigue sin respuesta. No se explica cómo una franquicia de terror, violenta, truculenta, explícita a más no poder, ha conquistado el corazón del público. Dicen que la crónica roja de los noticieros es el segmento que más raiting genera, seguramente tenga su que ver. ¿Será que las personas somos morbosas por naturaleza? ¿Quién no ha detenido la marcha cuando ve que hubo un accidente de auto? ¿Es un reflejo? ¿Qué necesidad buscamos satisfacer? ¿Existe una necesidad?
Terror, sangre y billetes.
El estreno de la séptima película de la saga El juego del miedo (Saw, estrenada en el 2004) marcará su ingreso al libro Guinness de los récords por ser la franquicia de terror y suspenso más exitosa en la historia del cine. En este caso, el éxito se mide con los dólares recaudados: 730 millones, dejando en el olvido a clásicos como Pesadilla y Martes 13 (con sus respectivos remakes este año).
He visto las tres primeras entregas de este fenómeno del terror y con eso me alcanzó para entender el mensaje que promulgan. Aunque en realidad lo había captado en los primeros cinco minutos de la primera película (el macaco en el triciclo lo explica sin vueltas). Mi punto: ¿son necesarias siete películas sobre lo mismo? No. Pero es obvio que estoy errado.




















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